Blas Gallego - El artista
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El pintor Blas Gallego es un artista que nacido en Barcelona ha vivido, parte de su vida profesional, en el extranjero. Una larga dedicación a trabajos relacionados con el dibujo-la ilustración de libros, la decoración, la publicidad...-le han tenido apartado del ejercicio de la pintura, técnica que, hará cosa de treinta años, viviendo en Inglaterra, empezó a interesarle y a cultivar plenamente.
Nunca, pero, hasta el presente encontró la ocasión de hacerlo: Viviendo en Barcelona, Londres y Estocolmo llenó sus horas y sus días, si bien cultivando el color, siempre al óleo, realizando cuadros, re­tratos, posters, carteles y otros encargos recibidas, especialmente, de los Estados Unidos -entre estos cabe destacar su elección, junto a la de otros cinco artistas seleccionados entre más de doscientas de todo el mundo, para la ilustración de una Biblia editada en USA - como también del Japón, Australia, Argentina, Brasil, Méjico y numerosos países europeos como, Inglaterra, Alemania, Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Francia, Austria, Italia etc. Es así que su dibujo y su posterior dedicación a la pintura, en ese largo período, siempre estuvieron subordinados a la disciplina del encargo. Ha sido ahora, como ya queda referido, que Blas Gallego -de ascendencia aragonesa- ha visto cumplir su deseo de dedicarse por completo a la pintura y ofrecerla en exposiciones, realizada dentro de un lenguaje figurativo de ver­sión, en extremo, subjetivada: escritura pictórica en la que pueden adivinarse soluciones derivadas del dominio —demostrado que posee de otras técnicas —acuarela, acrílico, guache, pas­tel, cera...- que acierta, al incorporarlas, a unificar en la dicción personal que deja singularizada su pintura al óleo.
Una paleta en la que los azules, carmines y ocres cobran pro­tagonismo — de la que están ausentes el negro y el gris— le vale para la realización de una obra centrada especialmente, a dar imagen la figura femenina, tema que comparte con los dedicados a la representación del niño, los florales y los relacionados con el mar.
Interpretaciones inspiradas, no sujetas a la fidelidad de los modelos si éstos no tienen como fin el retrato que realiza configura a veces
silueteadas en azul o carmín y otras definidas por la degradación del color: materia que aplica con el pincel, la espátula o los dedos, siempre con genero­sidad y sentido pictórico.
De ahí la fuerza expresiva de su figuración confiada, en exclusiva, al color -el dibujo previo en su narración no existe— a través de las formas y dicciones, ambas ricas en sobreimpresiones que se transparentan, que hacen descriptivos los resultados: unos cuadros en los que el color cuenta tanto —mérito de la pintura de artista--como el tema de los textos o motivos que hallan imagen.